Páginas vistas en total

domingo, 3 de marzo de 2019

POR QUÉ NO SIGO CON MIS ARTÍCULOS DOMINICALES



En junio de 2017, empecé a escribir artículos para la serie Entre coche y andén. Hoy domingo, 3 de marzo, se ha publicado el último y me propongo explicar aquí escuetamente por qué he tomado la decisión de poner fin a una tarea a la que he estado dedicándome con gusto durante ochenta y una semanas. Lo hago para atajar posibles rumores infundados, pero también porque amigos y conocidos me lo han preguntado. Aprovecho estas líneas para responder a todos a la vez.
Antes que nada, quiero y debo agradecer la gentileza de El Mundo por haber puesto a mi disposición una página dominical con el fin de que yo la llenara con textos de mi entera elección. Para mí ha sido un privilegio contar con un espacio de dimensiones tan generosas y compartirlo con un ilustrador excepcional, Gabriel Sanz.
Los responsables del periódico habrían deseado que yo continuara con mi colaboración semanal y yo hice un esfuerzo por compaginarla con mi actual proyecto literario. No ha sido posible. He comprobado que necesito todo el tiempo de que dispongo y mi mucha o poca energía mental para atender al nuevo libro en marcha. Dejo, como quien dice, los artículos para encerrarme a escribir. No descarto enviar al periódico en el futuro, de forma esporádica, alguna que otra reflexión de índole cultural.
Una segunda razón me ha determinado a no continuar con la redacción de los textos de Entre coche y andén. Veo a algunos compañeros de letras que llevan décadas dedicados semana tras semana al articulismo opinativo. Admiro su resistencia, pero yo no deseo similar destino para mí. Me declaro incapaz de atarme a una tarea de estas características sin tener la incómoda sensación de que se me agotan los temas y de que, una vez perdido el empuje inicial, cosa que a mí tarde o temprano siempre me ocurre, se me va a fosilizar la inventiva. No sé otros, pero a mí se me salta la alarma en cuanto atisbo los riesgos de la repetición y la rutina. Quizá esto sea una manía, pero es mi manía y, a fin de cuentas, uno no puede bajo ninguna circunstancia perderse de vista a sí mismo.