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domingo, 6 de enero de 2019

VIAJE DE GUILLERMO ALTARES POR LA HISTORIA DE EUROPA



Empiezo el año con la grata lectura de este libro de Guillermo Altares de reciente publicación (Tusquets, octubre de 2018), que yo lo he leído en su tercera edición, fechada en noviembre del año referido. Uno les profesa gusto a estos libros que combinan el comentario personal, los viajes, la historia, las cuestiones sociales y la diversidad cultural, aún más si, como en este caso, están estupendamente redactados.
Una lección olvidada es un libro documentado y escrito a la manera de un periodista. Altares no es historiador ni erudito. Tampoco escribe como tales, aunque conoce la materia. Como buen periodista, Altares va a los sitios sobre los que después traza su crónica particular, salpicada de pormenores interesantes y amenos. Esto le permite a ratos el relato subjetivo, así como dar información sobre el estado actual de los vestigios, hablar con testigos, referir curiosidades, visitar los escenarios de la Historia...
El subtítulo nos pone desde el principio en la senda de lo que nos espera en las más de cuatrocientas páginas que siguen: Viajes por la historia de Europa.  En las págnas 16 y 17 se formula el propósito del autor: “El objetivo de este libro es precisamente recorrer diferentes espacios de Europa en busca de los estratos de su pasado.” El recorrido se inicia muy atrás en el tiempo, con las pinturas rupestres de la cueva de Chauvet, convenientemente preservadas del turismo dañino mediante una réplica. Las invasiones actuales de turistas son un reiterado caballo de batalla en el libro de Guillermo Altares.
Ötzi, el cadáver momificado que llevaba esperando cerca de cinco mil años a ser desenterrado del hielo alpino, es por así decir el primer europeo visitado por Altares al que podemos asignar un nombre propio. No menos significativo acaso sea el detalle de que muriera posiblemente asesinado o como consecuencia de una pelea. Esta es una de las constantes de Europa hasta, por lo menos, la fundación de la Unión Europea: el derramamiento continuo de sangre. Europa, afirma el autor, es “una infinita acumulación de batallas, un palimpsesto de horrores” (pág. 70).
La posible contienda de flecheros que le costó la vida a Ötzi adquiere un carácter multitudinario en la guerra de Troya. De ahí, seguramente, su carácter fundacional. Troya inaugura “la guerra de todos nosotros”. Europa, que tantas cosas maravillosas ha dado al mundo (la literatura, por ejemplo, sin la que Troya nos sería desconocida), ha sido entre otras cosas una guerra constante, apenas interrumpida por breve treguas.
El libro nos habla de Nerón, “símbolo del mal”, que seguramente no mandó pegar fuego a Roma, pero se aprovechó de la catástrofe. Y nos habla de los romanos que alargaron su presencia hasta el actual Reino Unido y pusieron en marcha unos primeros asomos de economía globalizada. Asimismo el autor se detiene en la sangrienta cruzada albigense que originó la Inquisición papal, con especial atención a la toma de Béziers en 1209, una de las escabechinas más espeluznantes que se recuerdan. No ha sido, por desgracia, extraña a Europa la intolerancia religiosa ni la persecución de los judíos, que tuvo en España un temprano y triste capítulo.
Guillermo Altares escribe acerca del calamitoso siglo XVII y sobre el genial y pendenciero pintor Caravaggio. No olvida el terremoto de Sicilia en dicho siglo ni la devastación de Lisboa en 1755, que concitó una especie de solidaridad internacional. Sería imposible entender lo que ha sido y es Europa sin atender a los incesantes movimientos migratorios. París y sus sucesivas revoluciones merecen un capítulo aparte en el libro, así como la niebla y contaminación industrial de Londres, Sherlock Holmes, el progreso industrial y la primera guerra mundial, en la cual la efectividad mortífera de las armas hizo inviables las contiendas al viejo estilo, con los ejércitos alineados por última vez uno frente a otro. Altares visita los cementerios debidos a la batalla del Somme, en los que ve una sinopsis de la primera mitad del siglo XX europeo, y rememora el Madrid de 1936 a 1939, con sus bombardeos, sus sacas, pero también con sus periodistas, sus fotógrafos y sus héroes.
El autor repasa el llamado Gran Terror bajo Stalin; reflexiona sobre las violaciones masivas de mujeres alemanas en los días posteriores a la derrota nazi, por parte sobre todo de los soviéticos, pero también de los aliados. Muy interesantes (y estremecedoras) son las páginas dedicadas al infierno comunista de Ceaușescu y su mujer Elena, finalmente fusilados. O las consagradas al nunca aclarado asesinato de Olof Palme en 1986, a la salida de un cine de Estocolmo, o el del cineasta Theo van Gogh en Ámsterdam, “la ciudad más liberal del mundo”, sobre la que Altares escribe con ostensible admiración. En fin, este apasionante  e instructivo paseo por algunos de los hitos más destacados de la historia de Europa termina en la disolución sangrienta de Yugoslavia.
Altares acompaña las descripciones y relatos que componen Una lección olvidada con comentarios de su propia cosecha, siempre dentro del marco de un europeísmo de raíz tolerante y democrática. Este libro es una apuesta por los valores culturales del continente, a la par que una llamada a la convivencia pacífica de los distintos. La Historia, nos dice el autor, es fuente de belleza y de relatos innumerables; pero contiene también no pocas advertencias. En modo alguno debería hipotecar nuestro presente, por cuanto nuestros problemas de ahora son otros que los del pasado y sus posibles y deseables soluciones no pueden provenir de las viejas batallas. Algo de canto esperanzado al Viejo Continente tiene este excelente libro de Guillermo Altares.