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jueves, 10 de enero de 2019

CIERRA "PORTADORES DE SUEÑOS"



Uno se entristece leyendo la noticia del cierre de esta o la otra librería. A menudo se trata de establecimientos que uno no conoce. Le quedan lejos, en ciudades que uno no frecuenta. Así y todo, quienes amamos los libros y amamos que nuestros conciudadanos adquieran cultura, se expresen con elegancia y propiedad, sean personas interesantes y muestren modales, sentimos en tales casos un pinchazo de pena. Quizá esto no nos ocurriría si el hecho no fuese, por desgracia, común. Forma parte de una tendencia que afecta no solamente a España. En Alemania, mi país de residencia, ocurre lo mismo. No me parece exagerado hablar de una catástrofe cultural.
La noticia, esta mañana, del cierre de la librería Portadores de sueños, en Zaragoza, me ha roto literalmente el día. Conozco el lugar y a quienes hasta hace poco lo regentaban, Eva Cosculluela y Félix Eloy González. Estuve allí en el otoño de 2016 firmando ejemplares de Patria. Otros compañeros de letras han presentado sus libros en el mismo local. Portadores de sueños recibió en 2012 el Premio Librería Cultural. Félix y Eva no se limitaban al comercio de libros. Sostenían bajo el techo de su local una intensa actividad cultural. Lo dicho, el cierre de la librería me ha pegado fuerte.
Aquella tarde de las firmas, Eva me consiguió un libro que yo llevaba un tiempo buscando, la Poesía reunida de Piedad Bonnett (Lumen, septiembre de 2016). El libro de esta maravillosa escritora colombiana (para quien vaticino el Premio Cervantes cualquier año de estos) se había publicado dos meses antes. Yo había preguntado en varios sitios y en ninguno lo tenían. Eva me dijo: “Espera un momento”. Entró no sé dónde, en su rebotica o almacén, y reapareció al cabo de un rato con el libro, cosa que difícilmente habría ocurrido en una librería generalista. No me lo quería cobrar; pero ahí me puse tieso y apoquiné, que una cosa es la amistad y otra el pan nuestro de cada día.
En algunas intervenciones públicas, incluso fuera de España, he contado que cierta librera me agradeció una tarde la publicación de Patria. Nunca antes me había sucedido un hecho semejante. La frase literal era: “Patria nos ha salvado el otoño.” Pues bien, la librera cuyo nombre, por discreción, no pronuncié nunca ante el público, era Eva Cosculluela. Y su revelación, lejos de halagarme, me produjo un estremecimiento interno, por cuanto me dio a entender que el negocio de la venta de libros andaba sobre la cuerda floja. De un superventas, género que levanta ronchas en la envidia, viven muchas personas, entre ellas los libreros, cuya tajada por ejemplar vendido es más grande que la que corresponde al autor. Es gracias a los libros que hacen sonar la caja que ellos pueden permitirse la oferta de otros destinados a un público más selecto. Nunca está de más decir las cosas como son.
En fin, un día triste, un día doloroso, un palo.
Cierra Portadores de sueños.