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sábado, 22 de diciembre de 2018

OTRA LISTA DE MIS MEJORES LIBROS


Observo la balda con los libros que he leído este año. Setenta y dos títulos, un promedio de seis por mes. Aún caerán uno o dos antes de Nochevieja. Algunos libros leídos son bastante gruesos, de seiscientas páginas o más; otros, finos. De joven leía más. Tenía mejor vista, más tiempo y no estaba tan atado como ahora a responsabilidades familiares y laborales. Fin del lloriqueo.
En la referida balda encuentro títulos sobresalientes, repito, sobresalientes, que no aparecen en las listas decembrinas de los mejores libros de 2018 que he ojeado en estos días. No se trata de libros raros, difíciles de encontrar. En más de un caso recibieron buenas críticas al poco de publicarse. Esto de las listas es más que nada un rito lúdico. Tomárselas a pecho denota una falta insana de serenidad. Que en las de este año figure en primer lugar Ordesa de Manuel Vilas me parecía esperable. De haber sido convocado a votar, yo también le hubiera dado la puntuación máxima.
Total, que como es sábado, llueve y no me espera nadie en ningún lado, se me ha ocurrido confeccionar una lista de menciones de los libros (no traducidos) de gran calidad que he leído este año y no han merecido el beneplácito de quienes participan en la confección de las listas. Omito, pues, títulos de autores que sí están entre los seleccionados de la prensa cultural.
Van a continuación las fotografías de las respectivas cubiertas. El orden es fortuito.




jueves, 20 de diciembre de 2018

MIS DIEZ MEJORES "AUSTRALES" DE 2018


En las postrimerías del año, la prensa cultural nos ofrece como de costumbre sus listas de los mejores libros, películas, series y demás, y ya va para un tiempo que no publico la mía; pero me he dicho: “Alto ahí, muchacho. Este año cumples con el rito.” Es lo que me dispongo a hacer.
Echo un vistazo a la estantería de los libros leídos en 2018 y compruebo que he visitado diecisiete “Australes”. En realidad son dieciséis, ya que el que tengo ahora entre manos, uno de Armando Palacio Valdés, no lo he terminado en el momento de confeccionar la lista. Lo siento por él. Les pasa lo mismo a otros escritores de actualidad. Publican su libro en diciembre y no cuentan ni para las listas del año corriente ni para las del año próximo.
Lo bueno de seleccionar las mejores antiguallas literarias es que ningún compañero de letras se podrá cabrear por no figurar en la lista. Los muertos, gente como se sabe mucho más sosegada que los vivos, suelen ser más contentadizos y, desde luego, más moderados en sus manifestaciones de protesta. Se resignan y eso es todo. Tampoco les cuesta mucho dada la inmensidad de tiempo de que disponen para la espera.
Basta de preámbulos. Aquí van, por orden de preferencia, los diez “Australes” de mi particular top ten de este año.


El mejor. Uno de los grandes aburridos de la historia universal de la literatura, un prodigio de prosista, un maestro del paisajismo y del tempo lento. Un Thomas Mann por adelantado. Que la trama sea secundaria me preocupa bien poco. Es tan gozosa la lectura que le perdono la capitulación burguesa del desenlace.
  Lo contrario que el anterior. Vitalidad, concisión, humor corrosivo. Un deleite brutal, de un conservador sarcástico con un oído infalible para la prosa envolvente, deliciosa como una bofetada. Libro al que vuelvo, sabiendo lo que me espera, una vez por década. Nunca falla.

El maestro de la ligereza. Hay quien se pasa la vida buscando el tono. Camba encontraba siempre el tonillo. Prosa risueña de escritor ingenioso, listo, que parece guardarse a cada instante un as en la manga. Les entra a las cosas y a las gentes por donde menos lo esperan. Uno de los antídotos más eficaces contra cualquier fanatismo.
 Lectura de adolescencia recuperada cuatro décadas después, desde ahora ya para siempre asociada a unos días calurosos en Palermo. Comprobé que la memoría leía más rápidamente que los ojos. No llegué a la exaltación de cuando mis mocedades, pero sentí el placer sereno de que alguna vez estos poemas me gustaron mucho, sobre todo de la medianoche en adelante.



 Todos los años pasa bajo mis ojos por lo menos un Baroja. Esta novela es de las primeras suyas, de cuando aún se esforzaba. Madrid, pensiones, pobreza. La tengo entre las diez o doce más legibles que nos legó, sembrada de buenos episodios y excelentes y variados personajes.

 Me lo llevé de viaje, se produjo un retraso y me ventilé el libro de una sentada. Biografía estupendamente escrita, liviana en cuanto a datos históricos, lo que se compensa con un dibujo personal del escritor que me gustó mucho, además de amenizarme casi tanto como una tira de sudokus las horas de viaje que podían haber sido mortalmente tediosas.

 Mi soso favorito. Una y otra vez vuelvo a él. Este libro breve no sé si es novela o qué. Está escrito a la vuelta de su escapada a París, cuando optó, acojonado, por acomodarse al franquismo. Ya Trapiello nos avisó que por entonces Azorín escribió sus mejores obras y esta no anda lejos de figurar entre ellas.


 Poeta minimalista, un poco polvorón expresivo, propenso a las máximas morales, apenas imaginativo, pero moderno en la contención, nada retórico, antes bien serio y de fiar. Las Coplas a la muerte de su viejo siguen siendo el monumento que siempre admiraremos.

 Si escribes con oro te puedes permitir cualquier historieta, cualquier trama, cualquier enredo. Tirso es un gran entertainment. Al final ya sabes que todo se arreglará con un encuentro casual colectivo y desembocará en nupcias, pero qué más da. También el chocolate nos gusta y no por ello nos tiene que cambiar la vida.

Interesante por curiosa y entretenida esta antología de poetas mediocres, huérfana de estudio introductorio, cosa que se podía esperar de tan prestigioso seleccionador. Se salvan dos o tres versificadores, los de siempre: Bécquer, Espronceda y algún otro. Sólo dos mujeres. Una de ellas, Rosalía, grandiosa.