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viernes, 16 de noviembre de 2018

LECTURAS DE PEDRO UGARTE



Llevaba de un tiempo a esta parte una racha de libros no malos, pero tampoco del todo estimulantes. Oportunamente, estas Lecturas pendientes (Ediciones Nobel, 2018) de Pedro Ugarte han venido a ponerle fin.
Conocía a Pedro Ugarte más en su faceta de escritor de relatos excelentes y no tanto, según muestra en esta última publicación suya, como hombre que glosa, apostilla, comenta en formato de dietario y desde la reflexión personal, con ironía y buena escritura, las cosas de la vida. La sorpresa ha sido por demás grata y me recuerda no poco la que en su día me depararon los Diarios de Iñaki Uriarte. Tienen un aire similar y por eso los menciono.
Ugarte adopta la perspectiva del hombre que se ha metido en años, que perdió la lozanía física y la esperanza en los lejanos sueños de juventud, pero no la lucidez. En Lecturas pendientes se expresa un bilbaíno que acaso haya viajado más en los libros y con los libros que en aviones. Un bilbaíno que es, además, escritor y lector y que en cierto modo ha conformado su vida en las proximidades de la literatura. Un bilbaíno irónico de mirada a menudo crítica, pero nunca malintencionada ni vitriólica. Hay una noble generosidad en dicha mirada que lo mismo reprueba ciertas conductas ajenas como enfoca los propios defectos.
El libro es una sucesión de reflexiones sagaces. Nos habla de lecturas, de recuerdos familiares, de amigos y conocidos, del mundillo literario, de los incordios y descubrimientos de la edad, de ciertas actitudes públicas, de la falacia de tantos tópicos y de muchos temas más, todo ello envuelto en el escepticismo que suelen imponer de costumbre los años.
Las páginas de estas Lecturas pendientes están salpicadas de frases afortunadas, muchas de ellas con un claro sabor de aforismo. No he resistido la tentación de apuntar unas cuantas.
El amor no es un sentimiento. El amor es una decisión. Entender esto es entenderlo todo. (Pág. 81)
La mayor elegancia estética y moral consiste en ocultar, pudorosamente, el sufrimiento. (Pág. 88)
Creo que, a medida que va pasando el tiempo, uno aprende a disfrutar de la tristeza. (Pág. 160)
Tengo la sensación de que he leído mal este magnífico libro. Mal en el sentido de que lo podría haber disfrutado con mayor intensidad si lo hubiera paladeado a pequeños sorbos en lugar de bebérmelo de un trago en pocos días, engolosinado por lo mucho que me gustó desde el principio. Esto lo subsanará tarde o temprano la relectura.