Páginas vistas en total

sábado, 3 de enero de 2015

UN CEMENTERIO DE BERLÍN




Me gustan los cementerios. Puntualizo: me gustan algunos cementerios. Mi fascinación por ellos viene de lejos. De la infancia. Y si uno hace cuentas temporales, lo raro, lo excepcional, es no estar yaciendo a estas horas bajo una losa.
Todas mis novelas contienen al menos un episodio de cementerio. Hitchcook aparecía fugazmente en sus películas. Pues lo mismo. Un rito, un cameo que vale como certificado de autenticidad.
Uno de mis cementerios favoritos es el Dorotheenstädtische Friedhof de Berlín. Aparece en mi novela Viaje con Clara por Alemania.
Mi ciudad natal también tiene un bello cementerio. Se llama Polloe. Está allá arriba. Es un cementerio con mucha piedra y mucha cruz. Este que digo de Berlín abunda en árboles, arbustos y hierba. Parece más bien un parque. Hay bancos para sentarse. No es tétrico. Has muerto, pues has muerto. Ni lágrimas de mármol ni ángeles con cara de dolor de muelas. Nunca lo he visitado con nieve. Blanco debe de ser aún más hermoso.
Pues estuve allí un verano con mi cámara de fotos, documentándome para mi novela antedicha. Vi unos gatos que correteaban entre las tumbas. De este modo me dieron el final de mi capítulo, de lo cual les estoy harto agradecido. Hice fotos de algunas tumbas de célebres filósofos y escritores. Publico a continuación unas cuantas. Quizá interesen.
Brecht y Helene Weigel
Heinrich Mann y Johannes B. Becher (poeta y autor de la letra del himno nacional de la RDA)
Hegel
Fichte
Marcuse