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martes, 6 de enero de 2015

PROFUNDO AGRADECIMIENTO POR UNA PATADA EN LA CABEZA

Instante de la patada en la cabeza



El fútbol, en contra de lo que afirman algunos de sus detractores, no consiste tan sólo en veintidós tipos corriendo detrás de un objeto esférico. El fútbol es el espacio, la ocasión, de innumerables historias, trágicas las unas, cómicas las otras, no pocas de ellas emocionantes. Estuve un año entero escribiendo sobre fútbol alemán (y sus aledaños humanos) para El País, a un ritmo de dos artículos por semana. Yo habría seguido. Me gustaba la tarea. Los responsables del periódico no han mostrado interés.
Voy a servirme, por tanto, del blog para dar cuenta de una de esas historias insólitas que ocurren a veces en rededor del fútbol. Ocurrió el 8 de noviembre del pasado año. El escenario, en esta ocasión, fue un estadio de la Segunda División alemana. Juegan el Sankt Pauli, de Hamburgo (o, más precisamente, de Altona), y el recién ascendido FC Heidenheim. Un partido modesto, la verdad sea dicha. En un momento determinado, se produce un lance peligroso entre Ante Budimir, delantero pauliano, y Jan Zimmermann, el portero rival. El primero le sacude una terrible patada en la cabeza al segundo. Ni él ni el lesionado, ni ninguno de los circunstantes, podía en esos instantes imaginar que aquella patada habría de ser proverbial.
Zimmermann es ingresado en un hospital aquejado de conmoción cerebral. Le hacen una tomografía por resonancia magnética. Una medida precautoria. En la imagen se advierte un tumor cerebral en estado por fortuna poco avanzado, de tal manera que los cirujanos logran extirpárselo en el curso de una operación de varias horas.
Zimmermann está convencido de que aquella patada le salvó la vida y ha dado las gracias públicamente al rival que se la propinó. No era para menos.