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jueves, 3 de julio de 2014

ACERCA DE LOS HERMANOS GRIMM




En 2013 se celebró el año de los hermanos Grimm. Con motivo del bicentenario de la publicación del primer tomo de los Cuentos de niños y del hogar se llevaron a cabo multitud de actos conmemorativos en Alemania y en otros países, incluido España. A fin de cuentas, a estas alturas de la historia cultural de la humanidad los cuentos recopilados por Jacob y Wilhelm Grimm a comienzos del siglo XIX constituyen algo así como una marca internacional. Resultaría extraño que un niño de ayer o de hoy, criado en un ambiente medianamente culto o en el que se conserve el hábito del relato oral, no se haya topado alguna vez con personajes de aquellos cuentos célebres, ya sea en libros, en películas, en manuales escolares, en imágenes de todo tipo o en grabaciones. Sea como fuere, los cuentos de los hermanos Grimm han sido traducidos hasta la fecha a unos ciento sesenta idiomas.
Para ser exactos, fue unos pocos días antes de la Navidad de 1812 cuando salió de la imprenta el primer volumen recopilatorio, que, como ocurre tantas veces y seguirá ocurriendo mientras existan los libros y los escritores, por muy buenos que sean, pasó inadvertido. Un segundo tomo, tres años después, corrió la misma suerte. La causa de la escasa repercusión inicial tal vez se deba a la circunstancia de que los cuentos no presentaban un estilo narrativo reconocible, así como a la ostensible crudeza de no pocos de los relatos. Aún menos contribuyeron a la popularidad del proyecto las anotaciones de carácter filológico que salpicaban el libro.
A Jacob, el mayor de los Grimm, no le preocupa gran cosa la falta de éxito del proyecto. Su interés principal se cifra en la recuperación, con fines científicos, de la cultura oral. Es Wilhelm quien centra su punto de atención en transformar el proyecto en una lectura placentera para niños. Y a dicho fin se consagra en los años posteriores a un minucioso trabajo de adaptación de los cuentos al característico estilo romántico que los ha hecho mundialmente famosos. Wilhelm Grimm convertirá las duras y a menudos dudosamente morales historias en relatos adaptados al concepto burgués de la vida. Y así, convertirá a madres ruines en madrastras malvadas, vestirá con ricos atavíos a príncipes desnudos, ocultará la comprometedora preñez de Rapunzel, etc. La edición de 1819, con los nuevos retoques y sus cerca de doscientos cuentos, señala el comienzo de un éxito de ventas que recibirá un fuerte impulso en 1825, cuando se publique una selección de los cuentos acompañada de las ilustraciones de Ludwig Emil Grimm, hermano menor de los recopiladores.
No fueron pocas las personsas que se avinieron a colaborar. El trabajo de campo se llevó a cabo en la ciudad de Kassel y alrededores; así pues, en el corazón geográfico del área lingüística germana, donde aún se practicaban viejas tradiciones vinculadas a la literatura oral. La principal proveedora de historias fue Dorothea Viehmann, que no era ni mucho menos una anciana campesina, como en cierta ocasión la describieron los hermanos Grimm, sino una mujer culta con ancestros hugonotes, familiarizada por tanto con los cuentos populares franceses. Las seis hijas del boticario Wild, originario de Berna, demostraron asimismo ser unas estupendas narradoras. A ellas se deben numerosas historias con ingredientes italianos y retorrománicos. En total, alrededor de cincuenta informantes participaron en el proyecto de los hermanos Grimm.
De algunos de los cuentos fantásticos existen, con las consabidas divergencias, versiones en otros países europeos. Bastaría un vistazo al índice de los cuentos populares reunidos en el siglo XX por el célebre folclorista estadounidense Aurelio Macedonio Espinosa para constatar que, desde antiguo, se contaban en los hogares españoles relatos que los hermanos Grimm suponían exclusivamente alemanes.
La recopilación de Jacob y Wilhelm Grimm se catacteriza por una gran diversidad de asuntos y tratamientos narrativos. Contiene cuentos breves de apenas una docena de renglones junto a otros que abarcan varias páginas. En ellos predominan los protagonistas femeninos. Numerosos cuentos describen las difíciles peripecias de personajes caracterizados por una intachable moralidad. Cerca de la mitad comienza con las conocidas frases: “Había una vez”, “érase una vez”.
Algunas piezas reunidas por los Grimm hicieron fortuna en el mundo entero. Así, por ejemplo, Caperucita Roja, la niña que, de camino a casa de su abuela, se topa con el astuto lobo en el bosque. La salvación de la niña y su abuela será consumada por un cazador que las rescatará de la panza del animal voraz.
Otra historia de bosque e infancia es la de Hansel y Gretel. Una madrastra sin corazón exige el abandono de ambos niños, recogidos por una bruja que los encierra y los ceba con el fin de comérselos. En este caso el desenlace feliz, no exento de crueldad, se debe a la perspicacia de la niña. Al final será la bruja quien termine abrasada dentro del horno.
Igualmente célebres son las historias de princesas sometidas a situaciones de adversidad, peligro e incluso muerte. Tal es el caso de la Bella Durmiente del Bosque, nombre, por cierto, que se aparta bastante de la que habría sido su traducción literal. A la hermosa hija del rey le vaticinan primero la muerte, después “tan sólo” cien años de sueño profundo. Todas las tentativas de su padre por impedir que se cumpla el maleficio fracasan. La princesa cae, junto con toda la corte, en el sueño anunciado y así permanecerá hasta ser despertada largos años después por el beso de un príncipe.
La envidia de la madrastra provoca el infortunio de Blancanieves, que a fin de preservar la vida encuentra refugio en el bosque, curiosamente el lugar que para los personajes de otros cuentos alberga el peligro. En la cabaña de siete enanos escapará por el momento al furor asesino de la vanidosa madrastra. Pero, descubierta por esta, será víctima de un intento de asesinato. Un tropiezo de quienes transportan el féretro con su cuerpo exánime hará que se le salga de la boca el trozo envenenado de manzana y la muchacha recobre la conciencia.
Igualmente joven, bella y cándida es Cenicienta, quien vive punto menos que esclavizada por su madrastra y sus dos hermanastras. En su caso, es la mediación de un poder mágico lo que la ayuda a superar la desgracia, así como el amor de un príncipe la causa desencadenante de su afortunado desenlace.
 
No es improbable que la pedagogía actual tenga sus dificultades, por no decir sus escrúpulos, a la hora de acercar estos y otros cuentos tradicionales a los niños de hoy. No pocas historias antiguas nos han llegado a través del cine, en versiones sobremanera edulcoradas. Entre los relatos que antaño contaba la gente en casa y las películas ñoñas de Walt Disney hechas a partir de ellos media un abismo. Los textos tradicionales nos hablan sin tapujos de asesinatos, canibalismo, ruindades de todo jaez, venganzas sangrientas y, en fin, de actos despiadados de toda índole. Al final, y en ello consiste primordialmente la moral transmitida en cada uno de ellos, el bien vence y el mal es castigado sin compasión, ya sea con el destierro, la prisión, el padecimiento físico o incluso con la muerte.
(Este artículo se publicó en el suplemento Territorios el día 2 de marzo de 2013.)