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jueves, 12 de junio de 2014

UNA REFLEXIÓN DE SOBREMESA



He leído hoy un artículo publicado en el periódico El Mundo. Su autor lamenta el olvido a que está sometida en España la poesía de Vicente Aleixandre. Dicho olvido es fácilmente demostrable. No afecta tan sólo al poeta aludido, uno de los mayores que ha dado la lírica en lengua española, sino también a otros. Hace tiempo que tomé la firme resolución de evitar el lamento en público. Pongo en duda su utilidad. A mí, al menos, no se me ocurriría leer a un autor determinado por pena de que nadie o casi nadie le hace caso. Vicente Aleixandre ya murió. El próximo diciembre, por cierto, se cumplirá el trigésimo aniversario de su fallecimiento. Que su poesía haya sido olvidada (como su casa de Madrid, que al parecer se está cayendo a cachos) es algo que al muerto poco puede importarle. No creo que lea los periódicos. La verdadera y principal víctima del olvido de un gran escritor es el mismo que olvida o que ignora, y no por nada, sino por las maravillas que se está perdiendo. Me parece una desgracia no conocer la poesía de Vicente Aleixandre. Es como no haber visto nunca el mar.