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viernes, 6 de julio de 2018

PREMIO STREGA PARA HELENA JANECZEK


Helena Janeczek


El premio Strega de este año, cuya versión Europea tuve el honor de recibir semanas atrás, ha recaído en la escritora Helena Janeczek, con quien he tenido la ocasión de departir en alguna ocasión. Helena es una escritora alemana naturalizada italiana. Nació en Múnich, en el seno de una familia judía de origen polaco. La circunstancia de que compartamos editorial italiana, Guanda, permitió en 2017 un encuentro personal en Mantua, cena por medio, y, más recientemente, otro en Turín; pero fue sobre todo con ocasión del primero cuando tuve la oportunidad de conversar con ella más por extenso en lengua alemana, la primera de las suyas. Helena Janeczek es novelista, periodista y traductora, ampliamente conocida en Alemania, no así en España, donde espero que se ponga pronto remedio a esta tan incomprensible como innecesaria laguna.  El libro premiado lleva por título La ragazza con la Leica. Se trata de la biografía novelada de Gerda Taro, fotorreportera alemana que perdió la vida en Brunete, en julio de 1937, durante la Guerra Civil, atropellada al parecer por un carro de combate. Hay una foto que la muestra con la cara ensangrentada. Algunos dudan de que se trate de ella. Ciertamente, sangrar por la nariz no es lo esperable cuando a uno le pasa por encima un vehículo pesado.
Aprovecho este espacio para dar la enhorabuena a Helena Janeczek.

jueves, 5 de julio de 2018

UNA BIOGRAFÍA DE FERNANDO VII



Meses atrás, tuve la suerte de asistir en la Residencia de Estudiantes a la presentación de esta biografía exhaustiva de Fernando VII a la que, según me pareció entender, el profesor La Parra ha consagrado diez años de paciente trabajo. El libro le granjeó al autor el Premio Comillas en su trigésima edición. De Emilio La Parra uno conocía la estupenda biografía que dedicó a Manuel Godoy, publicada asimismo por Tusquets Editores.
El rey Fernando VII no es una figura cualquiera. A menudo hemos leído o escuchado por ahí que fue el peor monarca de la historia de España (“el rey felón”, como suele motejársele). Ignoro con qué quilatera se miden estas perlas. Fue, desde luego, el hombre inadecuado en un periodo de especial gravedad de la historia de España. Nefasto como rey, hay que reconocer que como figura narrativa resulta fascinante: un hombre particularmente hábil para empeorar los problemas u ocasionarlos allí donde no existían. Sus rasgos personales son a menudo tan extremos que costaría creerlos verosímiles aplicados a un personaje de novela. Era cobarde, vengativo, cruel, taimado, rastrero (un perrito zalamero de Napoleón), rompedor de promesas, sin dotes intelectuales, pero en modo alguno tonto. Al respecto, el lector encontrará innumerables peripecias en el libro que así lo ilustran.
Emilio La Parra no se limita a trazar un retrato psicológico de este paladín del absolutismo, sino que contempla a Fernando en todo momento en el contexto social de la época, prestando también acusada atención a las cuestiones geopolíticas. El libro constituye, en este sentido, un completo tratado histórico de lectura asequible para legos, pero con un amplio aparato bibliográfico y con un interesante cuerpo de ilustraciones.
El balance de aquel reinado es sencillamente desastroso y uno tiende a pensar que algunos problemas de la España actual empezaron a gestarse en tiempos de Fernando VII o llegaron entonces a un punto de no retorno. No me refiero a las intrigas de palacio o a la gestión ineficaz de la hacienda pública, sino antes que nada a la ruptura de la cohesión nacional, no limitada a la pérdida de las colonias; a la fracturación del país en bandos ideológicos irreconciliables y a lo que pudiéramos llamar la persecución de unos españoles a otros por razones políticas, ideológicas, religiosas. Ya en tiempos de este rey se dieron formas de represión que prefiguran otras similares en el siglo posterior, así como episodios de enfrentamiento armado entre españoles que sitúan la confrontación civil antes incluso de la primera guerra carlista.
El estudio de Emilio La Parra me ha parecido de una gran calidad. Uno agradece, además, la equilibrada combinación de lectura instructiva y amena.

miércoles, 23 de mayo de 2018

UNA NOVELA SOBRE JOSEF MENGELE



El libro llegó a mí, como buscándome, enviado por la editorial. La figura de que trata, identificada con nombre y foto en la cubierta, me interesó desde el primer instante. El mal ha gozado desde siempre de prestigio narrativo. Los malos suscitan historia, novelas, evocaciones. A uno le convendría rodearse de gente buena en la vida. La literatura, en cambio, necesita asesinos, ladrones, violadores; en fin, sujetos que alteren el orden privado y social, y generen en consecuencia narración.
De Josef Mengele, el llamado Ángel de la Muerte, vi en cierta ocasión un documental en una cadena de televisión alemana. Mi curiosidad por él no es morbosa. Quiero saber cómo piensa, siente, se comporta, un hombre de su calaña, capaz de experimentar cruelmente con niños y matarlos; capaz de silbar arias de ópera mientras, en la rampa de selección de Auschwitz, con gesto risueño, decide sobre la vida y la muerte de miles de seres humanos, convencido de estar haciendo algo bueno por su raza y su pueblo.
Conocí recientemente al autor de La desaparición de Josef Mengele, Olivier Guez, con ocasión del último Salón del Libro de Turín, donde coincidimos como finalistas del Premio Strega Europeo. Nunca antes había oído su nombre y probablemente él tampoco el mío. Ocurrió que en los actos previos al anuncio del premio, le tocó hablar de su libro como a los demás del nuestro. Supe entonces que se trataba del que yo había recibido pocos días antes por correo. De nuevo tuve la sensación de que la referida obra venía a mi encuentro. Al acabar la jornada, tuve ocasión de departir brevemente con el autor, que se maneja en diversos idiomas, entre ellos el español. No bien volví a casa, me abismé en la lectura de su libro, que me ha complacido sobremanera y por eso escribo estas líneas.
Una tercera y doble circunstancia me sirvió como quien dice el libro de Guez en bandeja. Me refiero a la lectura semanas atrás de dos obras de gran nivel. Estas lecturas vinculadas son como las cerezas del cesto. Sacamos una y con ella salen dos o tres. El primer libro a que me refiero es Filek, de Ignacio Martínez de Pisón, muy parecido a la historia de Guez por la técnica seguida, entre la historiografía y la ficción, y por la naturaleza de los respectivos protagonistas: dos varones en continua huida, impelidos a cambiar de personalidad y de vivir ocultos en la simulación y el engaño. El segundo libro es El orden del día, de Éric Vuillard, una tentativa lograda de contar los mecanismos internos del nazismo a partir de las vivencias privadas de algunos de sus protagonistas.
La desaparición de Josef Mengele cuenta básicamente episodios de exilio en Sudamérica de este criminal de guerra hasta su muerte por razones naturales en una playa de Brasil, en febrero de 1979. La historia está basada en documentos fiables, pero recurre a la ficción para llenar los huecos numerosos en el devenir sin testigos ni pruebas de una vida clandestina, con cambios frecuentes de residencia y ocultación de la personalidad. El lector recibe noticia de la llegada de Mengele con nombre falso a la Argentina; de su fascinación por Perón y Evita, que lo protegerán; del amparo que obtiene de los círculos nazis en el exilio. Mengele es un hombre discreto. Sólo revela migajas de su pasado a los más íntimos. La acaudalada familia lo sostiene económicamente desde Europa. Él mismo, disciplinado y laborioso, logra prosperidad. Regula su situación en la embajada de la República Federal de Alemania sin que nadie le pida cuentas. Contrae matrimonio en segundas nupcias. Los tiempos no se detienen, los gobiernos se suceden y Mengele, apretado por una creciente paranoia, se refugia en Paraguay, donde adquirirá la nacionalidad de dicho país. El dictador Stroessner lo protege. Así y todo, los agentes del Mossad no andan lejos, los mismos que secuestraron a Eichmann y lo llevaron a Israel para ser juzgado. Mengele es un prófugo incesante.
El siguiente destino del exiliado será Brasil. Los capítulos relativos a su difícil convivencia con el matrimonio húngaro que lo acoge son a mi juicio los mejores del libro. Asistimos en ellos a la progresiva degradación física del protagonista, a sus devaneos sexuales con la señora de la casa, sus peleas con el marido de esta, su empeño por negar el mundo rural, perdido en el culo del mundo, que lo rodea y a mil y una minucias de una vida cotidiana y penosa entre bichos, calor, manía persecutoria y el miedo constante a ser descubierto. Otro momento de gran potencia narrativa es el del encuentro, más bien desencuentro, de Mengele envejecido con su hijo venido a pedirle cuentas desde Europa.
Despido este rápido comentario con unas palabras sobre la traducción de Javier Albiñana. No he cotejado su versión con el original. No estoy, pues, en condiciones de juzgar su trabajo. Lo que sí puedo decir es que gracias a él el libro de Olivier Guez se lee como si hubiera sido escrito en lengua española. Nada disuena, nada entorpece la lectura fluida de un texto soberbio. Otro mérito más, y no pequeño, de esta edición.

Olivier Guez, La desaparición de Josef Mengele, Traducción de Javier Albiñana, Tusquets, Barcelona, 2018